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Mis penas

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Un día, todas mis penas se encontraron y se pusieron a hablar entre si.


La primera dijo - Yo soy la que hace que escriba todas esas cosas tormentosas.

Más atrás otra respondió - Yo soy la que hago que camine solo por las calles desveladas.

Una grande y redonda dijo a su vez - Yo soy quien hace que llore por ella en las noches.

Y así, una a una todas mis penas fueron exponiendo sus roles, hasta que se dieron cuenta que una pena pequeñita, que ni siquiera se veía, se había mantenido callada durante todo ese rato.

- Y tú hermana - preguntaron - ¿Que es lo que produces en él?


-¿Yo? - dijo la pequeña pena - Yo soy la que lo mantiene con vida.
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Instrucciones para reparar un corazón roto.


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Ante todo, nunca olvidar que el corazón estuvo, está y estará roto, y que, por mucho que se intente parchar y pegar, el órgano en cuestión nunca recuperará la condición anterior.

Luego, a modo de ejercicio, poner visceralmente en perspectiva todos los hechos que ocasionaron el rompimiento del corazón. Las frases memorables, los lugares que dejaron de ser de tránsito y pasaron a tener una significancia especial. Borrar, si se puede, la idea romántica de los bancos de plazas y alejarse durante el proceso, de los parques y otras figuras que podrían resultar dolorosas y/o melancólicas.

Dejar a razón de tres semanas por hoja, la escritura de cartas que nunca tendrán un destinatario final y repetir mentalmente durante los trayectos casa-trabajo-casa el estribillo de algún comercial de dentífrico. Se recomienda navegar en la televisión por lo menos un par de horas buscando algún programa de farándula. Retomar pausadamente las conversaciones sobre literatura y cine.

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Hoy viajando, vi a una chiquilla igual a ti.
Es decir, más voluptuosa, pecosa, con pelo claro en vez del tuyo negro.
Menos linda.
Sin ese brillo espacial en los ojos cuando piensas algo divertido.
Me imagino que a la hora del orgasmo no reirá ni abrazará sudada.
Pero en todo lo demás, era igualita a ti.

Baquedano

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Baquedano. El cierre de puertas me despabila, dejo de mirar lo que pasa afuera. Advierto que ella está frente a mí.

La miro, fríamente, como pensé durante años. Sus ojos grandes y llenos de súplica no se despegan de los míos.

Piden silenciosamente una respuesta.

La mirada de hielo surte efecto, bajo la vista un instante, sintiéndome el peor de los hombres.

Otra Estación.

Miro nuevamente para decir que la perdono, que todo está bien, que la quiero. Que siempre la quise.








Pero son unos lentes, los mismos de quien subió tras mío, los que reflejan mi cara terriblemente pálida.

Final.

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Con la mansedumbre propia del buey, la marciana mordía lentamente el durazno jugoso, mirando por sobre su alto trono el arbitrio que sus congéneres hacían de los pocos seres humanos que quedaban, separándolos a su diestra y su siniestra.
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El Metro, Unidad de Medida.

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- Pasaron trescientas veinticuatro personas antes que cerraran las puertas de la estación. Espero quince minutos con treinta segundos hasta que las volviesen a abrir. La divisó entre la cuarta o quinta persona delante de el.
En el Vagón esquivó cuatro mochilas y dos paraguas para poder acercarse a ella. Pasaron otros cinco minutos para armarse de valor y hablarle.
Ella, en las doce estaciones y dos trasbordos que duro el trayecto, se dio cuenta de que era el indicado. Tardaron un año y siete meses en subir la cifra de dieciséis millones de chilenos, a dieciséis millones, más uno.

Declaración de Amor.

Volverán los oscuros cohetes vomitando fuego a lontananza. Cuando por mi ventana vea el cielo desintegrarse, solo estaré feliz de que todo se caiga a pedazos, si estás al lado mío.
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Hay veces en que las arrugas no son cicatrices....y en que el alma no muere en el cuerpo... ¿lo recuerdas?...te lo dije hace muchas centurias, antes de que nacieran muchos de estos soberbios dioses...cuando las mariposas eran flores en movimiento perpetuo, antes de que el ocaso nublara tu faz de la luz divina, ¿recuerdas la lunas de Jathi?, ¿recuerdas tus recuerdos?, no lo recuerdas...
Veo que el tiempo lo ha invadido todo....con su pálido manto de tristeza...
Pero no importa ya... estoy muy viejo para pensar… y tu muy joven para preocuparte de cosas pasadas, de cuando los hombres.... no eran cicatrices en esta tierra... antes de eones en los cuales volverás a ser diosa.
Divago, pero a los locos y a los viejos se nos permite divagar. Mientras espero encerrado en esta fría prisión a que mi redentor ponga fin a esta espera que se ha vuelto interminable, me miro al espejo y logro ver tu cara...encerrando muchas caras...encerrando las lunas plateadas de Jathi, encerrándome a mi...en esta prisión de cristal.
No hay nada más bello que el Amor.
Eso dijo el sabio, justo antes de darse cuenta de lo inconsistente que había sido su vida
Solo hay algo que vence a la razón, dijo justo antes de dar el último suspiro...
Durante años intente encontrar la respuesta a este cuestionamiento dejado por mi maestro. Durante
años busque entre los solemnes libros de la biblioteca de Alejandría. Durante toda una vida busque ese
algo que puede destronar a la razón, y ahora, en mis últimos minutos terrenos me doy cuenta de lo
tonto que pude ser.
La respuesta me la estaba dando en ese mismo instante mi querido maestro. Y ahora, mientras la
respuesta me lleva de este mundo, cierro los ojos e intento descansar.
En el pueblo decían que yo estaba loco. Un día, en el colegio, nos mostraron un video de los “Sex
Pistols” y yo rayé con esa onda. Usaba bototos que le robé a un milico borracho y una camisa que hice
destruyendo un chal de mi abuelita.
Le rayaba una “A” bien grande a las vacas y pintaba “No hay futuro” afuera de los potreros. Soñaba con
Santiago.
Ahora, en la capital, descubro que hay algo peor que ser punk rural; ser Huaso no asumido en la ciudad.
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