.
.
.

Me decía que era un gueón, un mamón, que no valía ni la ropa que tenía puesta, que la tenía chica, que no servía. Me decía tantas cosas que pasados un par de minutos ya había perdido la cuenta de cuantas chuchás me llevaba encima.

Y yo, que la veia absorto sin despegar mi vista de sus preciosos labios, no podía dejar de asentir con la cabeza.

1 Coments:

sandra dijo...

jajajajaja!
es chistoso este escrito, como que el párrafo final confirma al primero. me gusta la estructura :)

top