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Hoy viajando, vi a una chiquilla igual a ti. Es decir, más voluptuosa, pecosa, con pelo claro en vez del tuyo negro. Menos linda. Sin ese brillo espacial en los ojos cuando piensas algo divertido. Me imagino que a la hora del orgasmo no reirá ni te abrazará sudada.

Pero en todo lo demás era igualita a ti.

Fue el último rayo de sol
pero el primero
que vi yo, hoy
y pensé
que quizás tú también lo hayas visto
pero desde la perspectiva
diametralmente opuesta
que te da esa otra almohada.

A veces
encontrar poesía
en cualquier parte
sería cómo
(a lo mejor)
despertar con un beso tuyo
despertando en mis besos
o como viajar
(sustantivamente)
entre tus muslos
y tus vellos.

Sin Titulo.

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Y en donde quedo el ir a ver lo blanco de las notas,
los silencios.
Estirar los besos en fusas corales,
separar los amaneceres,
los ocasos escondidos
en tus ojos,
en el triángulo de tus bermudas,
en la maravilla enclavada de tus pechos,
en el aire que se aloja en tu regazo.
Y expiro un poco,
y muero,
y un poco muero,
cuando te escucho cabalgándome la noche,
agitando en tu sudor todas mis noches,
y las estrellas mueren conmigo
pequeño y perdido en cometas fugaces,
esperando la música que acompaña tus temblores,
y cierro los ojos y veo
por fin veo,
lo blanco que se esconde en las notas.
.
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Sin título

.
.
Este poema se acaba
cuando termine el cigarro.




Uno que encendí mal.




Y que,

a prisa,

en el humo,

se lleva un recuerdo,

la añoranza aquella
de buscarte en las canciones.



Reconocerte en las sombras.




Y aspiro la mitad,
se quema.

El ruido de la calle,

ese brillo bonito
de tus ojos,

cuando te llueve
por dentro.





Transitando,

como si fuéramos a estar
callados,

viendo una colilla

botada






al medio de la plaza.

Lluvia

.
.
Esperaba que supieras esconderte mejor
bajo la lluvia,
y no es que ande buscándote,
te me apareces,
en el reflejo mudo de mi cama,
en las gotas,
y te veo y salgo
y me mojo y quizás,
en la alameda brillante,
encontrarte de improviso,
ver tu espalda y tambalear
y perderte y de nuevo,
atravesar la esquina
y olvidarte,
ahogarme en esta lluvia cómplice que esconde
y no sabes,
y te busco,
y mojándome de nuevo en tu olvido,
y me siento solo,
y pasan esos niños con paraguas
y los veo,
y se confunde mi cara con la lluvia,
y con la música,
que suena y suena en mi cabeza,
es la lluvia, no eres tú, es tu lluvia,
que no puede alejarse de mis ojos.

Naufragio

.
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Eres un barco armándose,
un filón aguerrido al fondo de la noche.


Cuando miras, no sé,
cuando me miras,
traes un ritmo furioso de tormenta,
una noche brillante,
una calle mojada por el viento.

Y me pierdo,
sin querer,
te pierdo,
te arrojas vehemente hacia el abismo.
Y me golpeas, abierta,
cruel
y amante.

Soy faro sin guía,
busco tu toque callado,
en la sombra
de las mariposas
finas que se descuelgan en tu techo
cuando me escondo y calo
mojándome aturdido
buscando incansable tu abrazo
y tus besos.





Sin Titulo.

.
.
A lo mejor,
sentir tu mano
siempre helada,
tu abrazo
caminando,
sin importar
el trafico
y la gente.
El oropel
de la esquina
mientras
me das un beso,
y pienso
atardeceres rojos,
en tu boca durazno,
el sabor que tuve
el día
que escuchamos juntos a Violeta.
Maldigamos todo
dijiste
y yo maldije
a la tierra
y a tu llanto
peliamos,
haciendo sin querer
al mundo mas bello,
menos sufrible,
iluminamos
para siempre a la vida.
Y me jure amarte y respetarte
me prometí buscarte en tu melancolía,
recorrer de punta a cabo
el filo de tu cuerpo,
y olvidarme,
a veces,
olvidarte,
para tener
algunos días,
esa dicha inmensa
de encontrarte.

Por primera vez.

III

.

Detrás de las manos tuyas,

están tuyas,

mis manos.

Y de tu aliento a la par,

el mío.

De tus suspiros.

Por cada uno que lanzas

yo que me lanzo al vacío.

Y vuelo,

para alcanzar,

a meterme en un beso.




Y te beso.

II

.
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Hoy al salir,
vi un árbol gigante colgando de la puerta,
vi un mundo arrumbado,
escuché por fin la voz de mi padre.
Creí perderme en unas calzas negras
en un traje a rayas
azul, bien bonito,
a lo lejos, creo, pero no estoy seguro,
el sonido distante de unos caballos de fuerza,
de un sombrero o era un gorro,
recorrí una alfombra,
le di la hostia a un perro,
maldije a la realidad,
pero después la besé.
En cada uno de los pies unas botas del otro,
encima una pluma.


(Sentí volar a las palomas).


Me arranqué la piel
y te vestí con ella,
recé con fervor a cada uno de los dioses
que habitan dentro tuyo,
al de tus orejas,
al de tu ritmo,
al de tu espalda.
Por poco, casi por poco
no alcancé a montarme arriba de la aurora,
por poco,
casi
por
poco,
me vence el caos, me rindo y no despierto.


Y te veo.
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